El fútbol moderno está lleno de protocolos médicos estrictos y recuperaciones prolongadas. Sin embargo, en el pasado, muchos futbolistas jugaban lesionados si eso significaba representar a su país en una Copa del Mundo.
Uno de los casos más sorprendentes ocurrió en el Mundial de 1978, cuando el defensor argentino Daniel Passarella disputó el torneo con una fractura en la muñeca.
Una lesión antes del torneo
Previo al inicio del campeonato, Passarella sufrió una fractura que obligó a inmovilizar su brazo. En la actualidad, una lesión así probablemente lo habría dejado fuera del torneo. Pero en aquella época, la mentalidad era distinta.
Con un yeso especial y protección adicional, el capitán argentino decidió competir de todas maneras.
Adaptación en el campo
Para evitar riesgos, ajustó su estilo de juego, minimizando el contacto físico innecesario. Aun así, mantuvo su liderazgo dentro del campo y fue pieza clave en la defensa argentina.
El final soñado
Argentina terminó consagrándose campeona del mundo en 1978.
Y Passarella, con el brazo protegido, levantó el trofeo ante su público.
Hoy, esta historia es recordada como un símbolo de compromiso y mentalidad competitiva en el fútbol de otra época.

