El fútbol está lleno de momentos inesperados, pero pocos tan insólitos como el ocurrido en 1998 en Inglaterra, cuando un árbitro tomó una decisión sin precedentes: expulsarse a sí mismo.
El protagonista fue Melvin Sylvester, quien dirigía un partido amateur entre equipos locales. Durante el encuentro, el árbitro fue objeto de constantes críticas por parte de los jugadores.
Un partido que se salió de control
La tensión llegó a su punto máximo cuando un futbolista empujó a Sylvester por la espalda y, según su versión, también lo insultó. La situación provocó una reacción inesperada: el árbitro perdió el control y respondió con agresiones físicas.
La decisión más insólita
Tras el incidente, Sylvester recuperó la calma y tomó una decisión histórica. Reconociendo su conducta antideportiva, sacó la tarjeta roja… y se la mostró a sí mismo.
Acto seguido, dejó el silbato y abandonó el campo de juego.
Un final aún más curioso
El partido no terminó ahí. Ante la ausencia de árbitro, un espectador tuvo que bajar desde la grada para dirigir los minutos restantes del encuentro.
Consecuencias
La Asociación de Fútbol de Hampshire sancionó a Sylvester con seis semanas de suspensión y una multa económica. Tras este episodio, el árbitro decidió retirarse definitivamente.
Este caso quedó en la historia como uno de los momentos más insólitos del fútbol, donde incluso el árbitro terminó siendo protagonista de la jugada más inesperada.
